Me re-envían un correo de Amnistía Internacional, destacando el conflicto armado existente en Colombia y reclamando la atención de la ciudadanía en general (en este caso, la española) para que envíen un correo al presidente de España, José Luis Rodriguez Zapatero, con el fin de que los candidatos incluyan el tema de la violación de derechos humanos en su agenda para la campaña electoral.
Qué linda ingenuidad. Como si a Zapatero, ocupado como está con el tema de la estafa filatélica, la opa de E.on y la nacionalización de las compañías petroleras en Bolivia le fuese a interesar intervenir en el conflicto interno colombiano. Como si no supiese, como si no supiesemos todos (al menos por vagas referencias) lo que pasa en Colombia...
Más irónico aún, visto desde el Perú, donde los veinte años de violencia y conflicto interno que asolaron este país todavía no están del todo zanjados, todavía las heridas no están del todo cerradas, todavía falta por escarbar y por conocer más, todavía... Donde el Informe Final de la Comisión de la Verdad parece haber abierto más heridas de las que cerró, parece haber remarcado las diferencias, sin contentar a nadie.
Los candidatos a las elecciones en Perú no hicieron (excepto alguna honrosa excepción) ningún deslinde con la violencia. Los dos candidatos que han pasado a segunda vuelta cuentan en su haber con sospechas de participación en los crímenes horrendos que asolaron al Perú entre los años 1980 y 2000, la izquierda (esa de la que poco hablaba en esta misma bitácora antes de la primera vuelta, pero que calificaba de "pitufos" por el pequeño porcentaje que alcanzaban en las encuestas de intención de voto) no ha deslindado del todo con aquella izquierda violenta que creía que las armas eran la única vía para llegar al poder... Esa misma izquierda parece que no se va a pronunciar nunca al respecto... Bueno, ya digo, como en todo hay honrosas excepciones, pero prima el olvido a la indignación, prima la ocultación al grito unánime de nunca más, priman los intereses del borrón y cuenta nueva.
No se engañen, en Colombia, tampoco van a cambiar demasiado las cosas. Aunque, ojalá me equivoque.
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