Sé que últimamente mi blog no ha estado muy animado que digamos. Es porque mi vida no ha estado muy animada que digamos. Pero eso va a empezar a cambiar. Mejor dicho, eso YA ha empezado a cambiar. Concretamente, ayer. En dos palabras: Tengo trabajo!!!
Empecemos desde el principio: hace unos meses una amiga me dijo que iba a dejar un trabajo y que si lo quería que le diera mi curriculum que podía ser que saliera. No salió. De hecho no me habían llamado y yo ya me había olvidado de ello. El miércoles me llamaron para una entrevista. Ayer en la tarde tuve la reunión. Y como yo estaba interesada y la que contrata se interesó en mí, ya está. Mi alegría era tan desbordante que no cabía en mí de gozo. Pero estaba tan nerviosa y tan confundida de que por una vez las cosas salieran bien, que al salir me quedé helada. La secretaria se despide de mí con un “hasta el lunes”. Y yo no le dije nada, pero me quedé pensando: Se supone que empiezo en setiembre... Sí, empiezo en setiembre, porque tengo que hacer unos trámites previos y tiene que salir mi contrato y, como es para el Estado, las cosas en palacio van despacio.
En resumen: el trabajo es de correctora de estilo para las publicaciones de un bonito museo de la ciudad. A estas alturas de mi vida, casi cualquier cosa me venía bien. Y aunque no soy muy aficionada al trabajo de oficina, no estoy en condiciones de negarme. Igual, no salgo de mi asombro.
Para celebrarlo: hoy fuimos de compras. Compramos algo de ropa de oficina que me hacía falta y un bonito celular (aparato que no tenía desde que dejé España!). Y después, a almorzar con la familia en un chifa (restaurante de comida china).


