señales de humo

Ya que me piden señales de humo, aquí van. En realidad desde pequeña la cosa que más miedo me da es el fuego. Tanto que me costó años ver esta película, que luego me pareció buenísima (me encantan las de desastres). Y tanto me asustaba el fuego que todavía hoy tengo problemas para prender fósforos, siempre pienso que me voy a quemar.

Mi investigación ha sido relegada por el tema del perro. Ahora hay que vigilarlo prácticamente 24 horas al día. Mi sobrino duerme con él, pero durante el día -la mañana, principalmente- ni mis sobrinos ni R. están en la casa y la que tiene que tener los ojos fijos mirando al perro soy yo. Si lo dejamos solo, se quita la venda y hace mil desastres. Está mejorando, pero mejora un poco y él se vuelve a abrir la herida. Requiere de una paciencia que yo no tengo. Y como todo esto no sólo me tiene tensa sino que además no me permite concentrarme mucho, avanzo con mi investigación poniendo orden en mis archivos, que al menos es algo.

Los gastos son cuantiosos y los estamos soportando estoicamente R. y yo, aunque mi cuñada ha colaborado con algunos elementos materiales que tenía en la casa (gasas, una crema cicatrizante) y sobre todo mis sobrinos con su tiempo, que es lo que más falta hace: dedicarle tiempo al perro, a observarlo, a controlarlo. Sin eso, no podríamos hacerlo. Es lento, tedioso, largo, descorazonador. Pero ahí va. Y por supuesto en una semana no he pensado en otra cosa que perro-perro-perro. Si ya era monótona, ahora mi vida es completamente monotemática.

Al menos el lunes pasó por la casa una amiga de R. que vive en España y aprovechamos que mis sobrinos se quedaban con el perro en la casa para pasear un ratito por el vecindario. Nada muy maravilloso, pero es un buen descanso de tanta tensión.

una de veterinarios

Andaba pensando nuevo post. Agradecer más premios (ya sé que me premian para que vuelva y me anime, pero ya no es necesario) incluso quería robarme del blog de Constanza la estrella -que nadie me concedió- y ese de “no rompan más los huevos” que me pareció muy divertido.

Y como no me presionan en absoluto por que vuelva, escribiré algo para hacerme presente, aunque no más sea.

Estuve trabajando mucho hasta el jueves. Avanzaba, encontraba cosas estupendas y mucha información muy útil (lo más fantástico es poderlo hacer desde mi casa, sin moverme de mi computadora: toda la información ahí en internet esperando por ser localizada y organizada convenientemente). Y el jueves mi perro pesado terminó por decantar las cosas. Así que los tres días siguientes (viernes, sábado y domingo) han sido full veterinaria. Desde el principio:

Mi perro tiene stress. La casa no es la adecuada. La hago breve: Se lo regalaron a mi suegro pero cuando empezó a crecer y mis sobrinos no se quisieron hacer cargo de él, lo abandonaron en el tercer piso (creo que alguna vez conté algo sobre eso pero me da pereza irlo a buscar). Cuando nosotros tuvimos la posibilidad de mudarnos a la habitación del tercer piso (más grande y un poco más independiente), yo asumí de a pocos la tarea de mejorar las condiciones de vida del perro. Sacarlo a pasear, darle de comer, bañarlo. Sin embargo las malas condiciones hicieron que el perro se estrese y se automutile. Se hace heridas en las patas. Lleva más de un año con una herida que no le cierra. Hemos hecho de todo. Nada parecía servir. El nivel de estrés del perro siguió aumentando y el mío también. El jueves, el desastre de su pata había sido tan grande (mejor, sin detalles) que concluimos que había que cambiar de veterinario para ver si un nuevo especialista daba con la cura. Análisis hasta hartarse: El viernes, análisis de piel para ver si tiene hongos, ácaros, bacterias (bacterias, de hecho tiene, pero la cuestión es saber cuáles y cómo atajarlas). Le puso una inyección de antiinflamatorio y nos emplazó para el sábado hacerle análisis de sangre y orina (en ayunas). El sábado, cuando está sacándole sangre, nos dice que la pata está peor y que hay que hacerle curación. Que hay que comprar crema, vendas, ponerle sedante y no sé qué más. Hoy le hizo curación de nuevo (esta vez sin sedarlo, porque ya era mucho sedante para el perro) y me dijo que en la tarde llamaba para contarme los resultados de los análisis de sangre y orina. Me recetó unas gotas para el estrés y un antiinflamatorio por vía oral. En la tarde me llamó para darme los resultados de los análisis: tiene deshidratación y proteína en la orina. Hay que cambiarle la comida por otra –evidentemente más cara- y darle Gatorade. Al menos no hay daño renal ni anemia ni problemas de colesterol.

Punto a favor: parece que la crema (carísima) le hizo efecto y hoy estaba mejor. Punto en contra: pese a que le hemos dicho a la veterinaria que queremos las cosas por escrito, con un plan organizado para saber qué cosas van a cambiar y poder establecer un orden en los gastos no hay forma de que lo haga así. Punto en contra 2: ayer sábado R. tenía que ir a trabajar y pensó en ir después de la veterinaria. Pero la muy turra con la curación se pasó de la hora y hubo que llamarle la atención por falta de consideración con el trabajo de los demás. Punto en contra 3: nos ha echado un par de veces la bronca por no atender al perro o no tener constancia con el tratamiento, como si el perro no nos importase lo suficiente. Punto a favor 2 (para compensar): lo está tomando con mucho ánimo y pese a lo angustioso de la situación nos ha devuelto un poquito de esperanza en que la cosa puede prosperar pese al gasto.

Con todo lo que hemos tenido que hacerle el perro está aterrorizado y angustiado. Yo también estoy angustiada y el bolsillo nos está doliendo mucho.

Hace unos días me declaré completamente incapaz de hacerme cargo de cualquier clase de ser vivo que dependa exclusivamente de mí para todo. Nos quedamos con éste porque ya no puedo hacer otra cosa que entre dentro de mi conciencia. Pero es el último perro, ever. Y niños, ni hablar!

A (casi) todas las lectoras...

En España se celebra primer domingo de mayo. En Perú, el segundo domingo de mayo. Igual, a riesgo de olvidarme,

Feliz Día de la Madre a todas las que hayan hecho méritos!

A las demás, que tengan un feliz día también.

Investigar

Sé que las he abandonado. Pero la sensación que me llena es fantástica y no quiero renunciar a ella. Han sido muchos años de depres mal curadas, de animarme y recaer, de no saber bien a dónde voy. Y de repente ha llegado un momento, un día, en el que me enganché con mi investigación y es lo que más me apetece hacer en el mundo. Por una vez, después de tanto tiempo, siento que vuelvo a estar en rodaje. Siento que estoy haciendo lo que debo hacer. Que no me equivoqué al elegir ser historiadora. Mucho tiempo me ha dado problemas la sensación esa de que la historia no era para mí porque no era lo que más ganas me daba de hacer cuando me despertaba en la mañana. Como que lo rehuía. Ahora despierto con nervios en el estómago pensando en sentarme a investigar. Me voy a dormir con la sensación extraña de dejar las cosas a medias, de querer "dormir rápido" para sentarme de nuevo. Tuve épocas feas de adicción a los videojuegos, en las que me acostaba y soñaba con los juegos, me despertaba y me conectaba a jugar en la compu. Y me creaba una depresión horrible pensar que mi vida era desperdiciada segundo a segundo y no podía hacer nada. Ahora soy adicta al trabajo. Y me llena de satisfacción. Cada descubrimiento es una felicidad inmensa. Cada paso cuesta (algunas veces hasta horas, no es tan fácil como llegar y que la información esté ahí), pero al final la recompensa es grande. Y miro atrás y digo "¿y mis amigas?" Y pienso: tal vez esperen unos días más por mí. Ahora estoy en otra!

Ayer hicimos R. y yo la compra semanal. R. estaba contento por ser fin de mes y haber cobrado. Con su nuevo trabajo siente que la vida va a estar un poco más tranquila. Así que nos fuimos a celebrarlo comiendo una rica pizza en un restaurante elegante! Abandonamos nuestro menú barato de los días en que no me apetece cocinar para ir a un restaurante italiano a comer. Me dio rabia que siendo fin de mes había dos mesas de empresa, grandes, que abarrotaban el lugar de gente y de ruido. Ya estaban con los postres, pero igual tardaron en irse y devolvernos la paz que yo estaba ansiando. Tener un ratito para conversar con R. Le extraño. Antes almorzábamos juntos todos o casi todos los días y generalmente tenía la tarde libre. Ahora llega 7:30, cena y se va a dormir hasta el día siguiente. Algunos días se queda un rato, viendo algo de tele conmigo, pero a las 11 ya está muerto. Hay que buscar la manera de exprimir mejor los pocos minutos diarios que tenemos para compartir.