Los bebés fueron al doctor...
Esa es la razón de la ausencia... unos días sin máquinas y el mundo parece otra cosa. Es que hemos organizado nuestro mundo alrededor de estos pequeños cacharros: tarjeta de TV (nunca la vemos porque no hay cable y en señal abierta no hay nada que ver), DVD, Internet, trabajo, música... para todo. Se extrañaba estar sin computadora. Son "los bebés".
Feliz Navidad

Navidad: dos días corriendo de aquí para allá tratando de comprar regalos para todos (las cuentas, los presupuestos y la paciencia siempre acaba por ser poca y todo se desmanda con rapidez pasmosa), tres horas para envolver todos los regalitos (esta vez me esmeré, tratando de doblar en mil partes el scotch para que no se vea debajo del papel, tratando de que queden forma de bolsita, dobla que te dobla, y que poco arte tengo yo para las cosas de hacer con las manos) y luego, la pierna de chancho ("pata de cerdo", me corregía mi madre el otro día,... rellena con manzanas, pasas de uva y trocitos de hog dog, ponerla en el horno y voltearla cada media hora, echándole su agua por encimita para que no se seque... y qué miedo me dio cuando me fijé bien y la bandeja del horno no había entrado bien, estaba torcida por un lado y el chancho casi se cae... ya lo apagué y creo que nuevamente quedó bien, como el año pasado... o mejor, parece que el cuchillo entraba en la carne tan fácil, tan suave como si fuera mantequilla)
Por supuesto esta mañana (mientras envolvía los regalitos) aprovechamos para ver otra vez la película de siempre: It's a wonderful life! Y las lágrimas corrían por mi rostro como las otras quinientas veces que la he visto (y pasará igual las proximas quinientas o mil quinientas veces que vuelva a verla). Porque es Navidad y aunque no soy creyente, la Navidad forma parte de mi cultura y me gusta el árbol y la comida...
Lo que queda de día y de noche (si mi espalda que lleva dos días doliendo a morir después del esfuerzo me deja) ya me lo sé: les adelanto que será cena (felizmente desde hace unos años decidieron que se cena a eso de las diez, porque antes se cenaba a partir de las doce y hasta entonces uno moría de hambre y parecía que la hora no llegaba nunca), el reparto de regalos, los cohetes, el brindis... y por supuesto los infaltables chistes (generalmente malos) que caracterizan a la familia... de 18 personas.
Desde luego extraño los días de mamá, papá y dos hijitas reunidas alrededor de la mesa, langostinos para todos y mucho cava para celebrar,... mi madre siempre pasándose un poco la raya con el cava pero ¡por un día al año! (bueno, dos, porque Nochevieja siempre se repetía la escena)... extraño la tranquilidad y la sensación hogareña que da ser solo cuatro a la mesa, porque la multitud que somos ahora no da sensación de tranquilidad ni de, bueno, dejémoslo en "recogimiento".
Como sea, Feliz Día.
Color local
Si hubiera empezado este blog hace cinco años, todo serían anécdotas de las cosas típicas, típicas del Perú, que en su día me causaban sorpresa y hoy ni me hacen inmutar. Pero lo empecé cuando ya me sentía de vuelta de todo, cuando contar las cosas que se hacen aquí como hecho anecdótico y sorprendente es como contar con tono de novedad que ayer te lavaste los dientes.
Bueno, tratemos de contar como novedad que ayer (bueno, yo como siempre voy con un poco de retraso: antes de ayer) fui a una pollada. Y además, bailable. Debo explicar para los que no conocen los intríngulis del colorido repertorio de actividades sociales peruanas que una pollada es una fiesta que hace alguien (generalmente en su casa, pero eso puede variar) para recaudar fondos para un fin determinado (puede ser pintar la casa, acabar el segundo piso, viajar a Estados Unidos para ver si consigue otro trabajo, etc.). La plata se recauda, como imaginarán, vendiendo pollo (asado o frito). Unas cervecitas para animar y mucha música para que los amigos bailen.
Bueno, pues el viernes me invitaron a una de esas. En principio iba a ser parrillada, pero cuando llegamos mi amiga K. y yo a la casa de la chica, R., la parrillada se había acabado y quedó pollo. La finalidad no es comer, como imaginarán, sino divertirse un rato y colaborar, por lo tanto, lo mismo da.
R. es amiga de K. desde el colegio. Yo la había visto una vez. Como ya imaginarán, al resto no les conocía. Situación: K. y yo sentadas conversando y tomando cerveza (el vaso de cerveza es lo primero que cayó en mi mano), conversando. Los diversos invitados por ahí bailando, bebiendo o conversando. Finalmente alguien decide sacarnos a bailar a K. y a mí, y ahí los demás se animan y bailamos casi con todos los que había. El caso es que uno de ellos, mientras bailamos, comienza a darme conversación:
- ¿Y donde vives?
- En San Miguel
- Ah, entonces conoces la cevichería X (mi cara, que como ya he dicho en alguna ocasión, no miente, mostraba un no) ¿Como no vas a conocer la cevichería X? ¿Qué pasa, no te gusta el pescado?
(Ante semejante pregunta y sin querer seguir la conversación o darle más vueltas le pongo mi cara de "realmente, no mucho".)
- Ah. ¿Pero no te gusta ni siquiera frito?
- Para pescado frito mejor el ceviche. (Esta conversación realmente me está hartando)
- Y tú no eres de aquí ¿verdad?
(Y dale, insistiendo)
- No, soy española
- Ah, ¡¡¡¡¡con razón no te gusta el pescado!!!!
Bueno, tratemos de contar como novedad que ayer (bueno, yo como siempre voy con un poco de retraso: antes de ayer) fui a una pollada. Y además, bailable. Debo explicar para los que no conocen los intríngulis del colorido repertorio de actividades sociales peruanas que una pollada es una fiesta que hace alguien (generalmente en su casa, pero eso puede variar) para recaudar fondos para un fin determinado (puede ser pintar la casa, acabar el segundo piso, viajar a Estados Unidos para ver si consigue otro trabajo, etc.). La plata se recauda, como imaginarán, vendiendo pollo (asado o frito). Unas cervecitas para animar y mucha música para que los amigos bailen.
Bueno, pues el viernes me invitaron a una de esas. En principio iba a ser parrillada, pero cuando llegamos mi amiga K. y yo a la casa de la chica, R., la parrillada se había acabado y quedó pollo. La finalidad no es comer, como imaginarán, sino divertirse un rato y colaborar, por lo tanto, lo mismo da.
R. es amiga de K. desde el colegio. Yo la había visto una vez. Como ya imaginarán, al resto no les conocía. Situación: K. y yo sentadas conversando y tomando cerveza (el vaso de cerveza es lo primero que cayó en mi mano), conversando. Los diversos invitados por ahí bailando, bebiendo o conversando. Finalmente alguien decide sacarnos a bailar a K. y a mí, y ahí los demás se animan y bailamos casi con todos los que había. El caso es que uno de ellos, mientras bailamos, comienza a darme conversación:
- ¿Y donde vives?
- En San Miguel
- Ah, entonces conoces la cevichería X (mi cara, que como ya he dicho en alguna ocasión, no miente, mostraba un no) ¿Como no vas a conocer la cevichería X? ¿Qué pasa, no te gusta el pescado?
(Ante semejante pregunta y sin querer seguir la conversación o darle más vueltas le pongo mi cara de "realmente, no mucho".)
- Ah. ¿Pero no te gusta ni siquiera frito?
- Para pescado frito mejor el ceviche. (Esta conversación realmente me está hartando)
- Y tú no eres de aquí ¿verdad?
(Y dale, insistiendo)
- No, soy española
- Ah, ¡¡¡¡¡con razón no te gusta el pescado!!!!
Otro que se libra...
Falleció. Falleció pero eso no es bueno. Se libra. Se libra de la cárcel. Esperemos que ahora que dicen que el juicio continúa, su memoria no se libre del oprobio.
Bastante tenemos de vez en cuando con encontrarnos (R. y yo) con alumnos que dicen "¿por qué en Perú no tenemos un Pinochet? Sería bueno, porque desarrolló Chile. Si hubiesemos tenido un Pinochet en Perú, seríamos un país desarrollado, más o menos como Chile es ahora". Mmmm, forma parte de la costumbre del Perú: el odio al chileno se convierte también en la envidia por su "suerte", porque su país se encuentra en mejor situación económica (y política, me atrevería a decir) que el ¿nuestro? y en el imaginario colectivo está la idea de que se debe a la ¿buena? acción de Pinochet. Mató, bueno, sí, mató. Era casi el precio que había que pagar. Pero ahora están mucho mejor. Mucho mejor. Eso es lo que piensan.
Me gustó cuando escuché que R. suele responderles a esos argumentos tan manidos y desconcertantes: "Si eso es lo que piensas, ¿por qué no pides mejor un Stalin? Con Stalin se pasó de la Rusia zarista a la 2ª potencia mundial. Pedir un Pinochet y convertirnos en una potencia importante en América Latina es poco, ¿por qué conformarnos? pidamos un Stalin y convirtámonos en Segunda Potencia Mundial. Ah, pero un Stalin no piden, porque es comunista." ¡Buena esa! Con ello dejó callado a su alumno. Se la voy a robar y patentarla para mi curso.
Ahora que se murió y no va a ser juzgado por sus crímenes, no va a ir a la cárcel, no va a recibir lo que justamente merece, va a quedar en el imaginario colectivo como un héroe. Al final le han hecho honores de jefe de las Fuerzas Armadas.
Actualización: Han agredido a una periodista española cuando cubría el sepelio de Pinochet. Los pinochetistas le proferían insultos frente a la cámara y no dejaron que terminara su reportaje. Evidentemente, las fuerzas de seguridad que estaban ahí para evitar el altercado no hicieron nada. ¡Qué van a hacer, al final era española! (Resuena en mi cabeza las frases que oigo a mi alrededor a mucha gente: "si a los extranjeros los tratan siempre muy bien") ¡Querer tanto a América Latina y que sea así!
Bastante tenemos de vez en cuando con encontrarnos (R. y yo) con alumnos que dicen "¿por qué en Perú no tenemos un Pinochet? Sería bueno, porque desarrolló Chile. Si hubiesemos tenido un Pinochet en Perú, seríamos un país desarrollado, más o menos como Chile es ahora". Mmmm, forma parte de la costumbre del Perú: el odio al chileno se convierte también en la envidia por su "suerte", porque su país se encuentra en mejor situación económica (y política, me atrevería a decir) que el ¿nuestro? y en el imaginario colectivo está la idea de que se debe a la ¿buena? acción de Pinochet. Mató, bueno, sí, mató. Era casi el precio que había que pagar. Pero ahora están mucho mejor. Mucho mejor. Eso es lo que piensan.
Me gustó cuando escuché que R. suele responderles a esos argumentos tan manidos y desconcertantes: "Si eso es lo que piensas, ¿por qué no pides mejor un Stalin? Con Stalin se pasó de la Rusia zarista a la 2ª potencia mundial. Pedir un Pinochet y convertirnos en una potencia importante en América Latina es poco, ¿por qué conformarnos? pidamos un Stalin y convirtámonos en Segunda Potencia Mundial. Ah, pero un Stalin no piden, porque es comunista." ¡Buena esa! Con ello dejó callado a su alumno. Se la voy a robar y patentarla para mi curso.
Ahora que se murió y no va a ser juzgado por sus crímenes, no va a ir a la cárcel, no va a recibir lo que justamente merece, va a quedar en el imaginario colectivo como un héroe. Al final le han hecho honores de jefe de las Fuerzas Armadas.
Actualización: Han agredido a una periodista española cuando cubría el sepelio de Pinochet. Los pinochetistas le proferían insultos frente a la cámara y no dejaron que terminara su reportaje. Evidentemente, las fuerzas de seguridad que estaban ahí para evitar el altercado no hicieron nada. ¡Qué van a hacer, al final era española! (Resuena en mi cabeza las frases que oigo a mi alrededor a mucha gente: "si a los extranjeros los tratan siempre muy bien") ¡Querer tanto a América Latina y que sea así!
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