Perú es un país grande, bastante grande (1.285.215 Km2 frente a los 504.782 Km2 de España, es decir, más de cuatro veces el tamaño de España), no muy densamente poblado (apenas 25 millones de habitantes, de los cuales un tercio se encuentra en Lima), pero con una realidad geográfica muy difícil. Una costa breve, desértica, unas montañas muy elevadas que ocupan gran parte del país (el pico más alto, el Huascarán, mide 6.768 metros) y una franja este que se interna en la selva amazónica. La comunicación entre Lima y las provincias es francamente complicada. El mal sistema de carreteras unido a las distancias enormes (llegar de Lima a Cusco en bus demora algo así como veinte horas, y aún no se ha atravesado la mitad del país) dificultan la comunicación. En otros casos, el problema es mayor, puesto que la división administrativa del país no sigue una lógica geográfica: en algunos casos, llegar de un punto a otro dentro de una misma provincia requiere salir de la provincia y dar una vuelta grande para llegar al otro lado. Los Andes son una verdadera barrera que deja en una ridiculez cualquier esfuerzo de comparación con España (segundo país más montañoso de Europa después de Suiza, según leí el otro día no recuerdo dónde). Más aún cuando para llegar a algunas localidades es preciso caminar o desplazarse a lomos de mula (imposible llegar por carretera o incluso por trocha carrozable) unos cuatro o cinco días.
Si a estas dificultades de acceso incomparables le sumas el alto índice de pobreza y analfabetismo, sobre todo entre gran cantidad de peruanos que son únicamente quechuablantes, la situación del Perú es un poco más clara. Gran parte del país no conoce lo que es el Estado (apenas hay por ahí algún policía, el Banco de la Nación y poco más, y eso con suerte).
Pedirles, como he leído varias veces, incluso en comentarios a este blog, que vayan a un juzgado o que confíen en el Estado, es muy difícil, por no decir casi imposible.
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2 comentarios:
Mira, tengo que hablar de eso algún día, ya que es una de las cosas de las que hablan los economistas del desarrollo ultimamente: carreteras.
En el tercer mundo hacen falta raíles y carreteras. Urgente.
El problema es cómo llevas la construcción de carreteras en un país que en breve espacio pasa de la costa (nivel del mar) a unas montañas de más de 4000 metros, con profundos barrancos y una vez atravesada la montaña se inserta en plena selva amazónica. Sin contar las largas distancias que hay que cubrir con carreteras.
Por otro lado, el clima. Aunque no hay grandes cambios de temperatura entre verano e invierno, las lluvias si que son excesivas en la sierra durante la estación de lluvias ("verano"), provocando grandes riadas (aquí los llaman "huaycos") que dejan inservibles las carreteras cada dos por tres.
Tercero, el uso. Hablamos de un país no muy densamente poblado, con una gran cantidad de población en Lima y muy poca en provincias, y grandes distancias : ¿quien tiene tiempo o quiere viajar por carretera durante veinte horas para ir a Cusco? Yo lo he hecho y es una verdadera paliza.
Cuarto, los contratos: generalmente se licitan carreteras y esas licitaciones están mal hechas por culpa de la corrupción dentro del Estado y el aprovechamiento que hacen grandes empresas de la situación. Eso ha pasado con la Interoceánica, por ejemplo, que es un tema que se estaba discutiendo hace unos meses. Al final, las licitaciones salen caras y una vez llega el momento de ver los resultados no son óptimos. Un fiasco.
Es muy difícil cambiar este panorama.
P.D.: ¿No leíste en tus investigaciones sobre el fantástico gobierno de Alan García sus avances con el tren eléctrico para Lima? (Lima no tiene metro y pensaron que una buena solución era un tren eléctrico aéreo, que acabaría con los embotellamientos constantes) Te adelanto que quedó a medias y al final Toledo y el actual alcalde de Lima lo han concluído (sólo en un pequeño tramo, pero ya es algo)
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