Algunas veces me he preguntado por qué no conservo amigos de hace largo tiempo (como mucha gente que conozco, que conserva amigos por décadas) y creo que hoy he llegado a la conclusión de por qué.
Si ya de por sí tengo un caracter poco amigable (mis alumnos ahora me insisten en que tome tila, manzanilla o cualquier infusión relajante, porque soy muy "renegona") a eso hay que añadir que soy la típica, típica, típica "mete-patas".
¿Se puede saber quién me dio una boca tan grande para decir lo que no debo en el momento más inconveniente? Hoy estropee una fiesta sorpresa. Eso es lo que quería decir. (¡que roche!)
Actualización: Ahora con más calma explicaré como fueron los acontecimientos. Me informaron la semana pasada de una fiesta en ciernes entre la gente que trabaja en mi instituto. Una fiesta para festejar las próximas nupcias de una de las chicas del equipo. Y al día siguiente, cuando fui a trabajar y me encontré con esta chica le dije que sabía lo de la fiesta. Ella me dijo "¡no! ¿una fiesta? ¡yo no sé nada!" "Sí, claro, porque alguien se casa pronto..." "Ah, sí, yo me caso, pero no sé nada de una fiesta. Seguro que me preparaban una fiesta sorpresa y ya la estropeaste" Gluuuuppppsssss! Así que hoy que veía a la persona que está organizando la fiesta y que me había contado en un principio, tuve que confesar. Se hace duro confesar estas cosas. Y ella me confirmó lo que yo sospechaba en un principio: NO era una fiesta SORPRESA. ¡NO!. Uffff, respirar. Entonces le dije lo que la homenajeada me contestó: "Seguro que me preparaban una fiesta sorpresa y ya la estropeaste". Mi amiga me dijo algo memorable: "¿eso te contestó? ¡¡¡¡qué espesa!!!!" Precisamente.
...Saturno, Urano, Neptuno y....¿qué?
Pues... ¡y nada más! Ahora hay que aprenderse los planetas de nuevo, porque resulta que a mano alzada los astrónomos del mundo han decidido que Plutón ya no es un planeta. ¡Toma esa!. Años venga a estudiar y ahora nos vienen con estas. ¡Habráse visto!
Cuando uno siente vergüenza ajena...
Hoy uno de los Congresistas peruanos hizo un comentario poco atinado en el Congreso Peruano (no creo que haya expresión más adecuada que la muy peruana "qué roche!" -N. del T.: vergüeza-) anunciando de manera poco elegante que el Presidente Paniagua (aunque ya no ejerza el cargo, todo aquél que ha sido presidente mantiene el título) había fallecido. Poco tiempo después se desmintió la noticia.
Cotidianidades (III)
Siempre me pasa lo mismo. Por eso muchas veces pienso que soy "piña" (N.del T.: "gafe", persona a la que le llueve la mala suerte como chaparrón en la selva). Y sí, soy piña. Me pasa generalmente en reuniones grandes, veinte personas (o incluso más) sentadas a la mesa y yo, por azar del destino, generalmente acabo en alguna de las cabeceras, con la típica persona pesada, repelente, insolente ("bomba"). Uno nunca espera que justo en una mesa tan grande te tengas que enganchar a la peor conversación de toda la mesa y además que te tengas que enganchar a ella durante toooodo el almuerto y durante tooooda la sobremesa. Pero a mí, siempre me pasa. Ya tendría que tenerlo interiorizado como parte de mi personalidad. Como no podía ser de otra forma, hoy me tocó. Mesa enorme, bulliciosa, llena de carcajadas y de amigos y yo sentada casi en la cabecera y en conversación con la más pesada de la mesa. Hablando de su filosofía de vida, por supuesto, que recomienda (casi impone en la conversación como la única buena y viable) por encima de cualquier otra, porque total, las opiniones de los demás parecen no tener importancia. Tan poca importancia tiene, que ni te escucha cuando tratas de responderle algo con sentido.
Dos perlas: "yo digo que todos deberían visitar al psicólogo dos veces al año, igual que al odontólogo" y cuando le dijo a la persona que se sentaba al lado mío (no podía ser otro que R.) "me parece muy bien que vivas con tu padre y que tengas contacto con él, hay que estar cerca de la familia" (Cuando lo pienso, todavía las lágrimas luchan por salir de mis ojos, mientras yo lucho por contenerlas)
¿Por qué siempre me tocan a mí?
Dos perlas: "yo digo que todos deberían visitar al psicólogo dos veces al año, igual que al odontólogo" y cuando le dijo a la persona que se sentaba al lado mío (no podía ser otro que R.) "me parece muy bien que vivas con tu padre y que tengas contacto con él, hay que estar cerca de la familia" (Cuando lo pienso, todavía las lágrimas luchan por salir de mis ojos, mientras yo lucho por contenerlas)
¿Por qué siempre me tocan a mí?
Se siente bien
El fin de semana pasado fui a una reunion con gente que hacía tiempo no veía. Este fin de semana, igual. En ambas ocasiones varias personas me dijeron: "se te ve muy bien", "se nota que has adelgazado"... Se siente muy bien, sobre todo cuando te lo dicen. Espero todavía poder hacer un esfuerzo más y luego ¡¡¡¡de compras!!!! (hay que renovar todo el vestuario).
Cotidianidades II
Viernes, otra vez. Abrir los ojos con la sensación de lunes (de primer -y único- día laborable de la semana). Tres horas con los monstruos. Repito: tres horas. Tres. Interrumpidas por el break. Casi mejor que no hubiera break, porque el hecho de hacer break después de la primera hora convierte toda esa hora en una larga sesión de break dentro del aula. Y las dos horas después del break, también. Para que lo vamos a negar. Tres horas como siguen:
Profe, ¿puedo ir al baño?
Miss, ¿por qué me ha jalado (N. del T.: suspendido)?
Miss, ¿puede repetir eso que dijo hace diez minutos?
Profe, profe... Miss...
(Aclaro, por si no lo parece llegados a estas líneas, que los susodichos "monstruos" tienen entre 17 y veintimuchos y estudian -se supone- para ser empresarios el día de mañana.)
Por cierto, me encanta enseñar, pese a que vuelvo a casa como si me hubieran dado una tunda de palos.
P. D.: sé que me quejo de vicio. Que al final tres horas son poco para alguien que está más acostumbrado que yo a lidiar con ellos, conozco -los tengo como ejemplo a ¿(no) seguir?- a profesores de veinte a treinta horas dictadas por semana. Todavía no tengo claro si les envidio.
Profe, ¿puedo ir al baño?
Miss, ¿por qué me ha jalado (N. del T.: suspendido)?
Miss, ¿puede repetir eso que dijo hace diez minutos?
Profe, profe... Miss...
(Aclaro, por si no lo parece llegados a estas líneas, que los susodichos "monstruos" tienen entre 17 y veintimuchos y estudian -se supone- para ser empresarios el día de mañana.)
Por cierto, me encanta enseñar, pese a que vuelvo a casa como si me hubieran dado una tunda de palos.
P. D.: sé que me quejo de vicio. Que al final tres horas son poco para alguien que está más acostumbrado que yo a lidiar con ellos, conozco -los tengo como ejemplo a ¿(no) seguir?- a profesores de veinte a treinta horas dictadas por semana. Todavía no tengo claro si les envidio.
Paradoja
Ayer decía que la realidad no existe, que nosotros la inventamos o la creamos al observarla, al tratar de captarla y luego al reproducirla con palabras, con imágenes, etc.
Me faltó incluir un dato que no creo que todos mis amables lectores sepan: yo soy profesora, y mi curso se llama "Realidad Nacional e Internacional".
Me faltó incluir un dato que no creo que todos mis amables lectores sepan: yo soy profesora, y mi curso se llama "Realidad Nacional e Internacional".
Manipulación y prensa
Uno de los temas de los que más me gusta hablar es prensa. Aún no tengo bien definidos los límites de lo que pienso debería ser la prensa, cómo funciona, que cosas son y no son... Es difícil. Lo había elegido como tema de tesis (estará esperándome para cuando mi cabeza se haya aclarado y la pluma no me sea esquiva) pero me quedaba la sensación (siempre me ha quedado y sigue siendo así, por el momento) de que me falta tener una idea cabal de lo que debe ser la prensa para poder ponerlo todo por escrito. Pero voy desentrañando algunos misterios.
Ahora, muy a cuento con lo que quiero decir, estoy leyendo "El pintor de batallas", de Arturo Pérez-Reverte. Casi acabo de empezar, pero ya me enganché. Y es que el tema es espléndido. Encuentro en sus reflexiones bastantes puntos de conexión con las mías, elementos que yo he creido intuir, pero que todavía no tengo verbalizados., y que él verbaliza con su pluma soberbia, con su trazo firme y seguro, con su precisión de cirujano.
Las noticias de hoy me descubren, cuando la vorágine periodística estaba a punto de desanimarme del todo, una noticia que me interesa: "Reuters retira 920 imágenes de su archivo tras descubrir manipulación en fotos de guerra". Les cuento lo que dice el artículo:
Un reportero gráfico que trabajaba para Reuters como fotógrafo independiente ya no lo hará más. La agencia descubrió (después de las quejas de comunidades de blogs) que por lo menos dos de las fotografías que habían publicado del mencionado fotógrafo estaban manipuladas con fotoshop (añadiendo más humo para aumentar el dramatismo de una foto de Líbano; o dos misiles más en otra de las fotos). El fotógrafo se ha excusado diciendo que sólo retocaba marcas de polvo y errores que había cometido debido a las circunstancias en que se tomaron las fotografías.
Y vuelta al tema de marras que me ronda en la cabeza desde hace tanto tiempo: realidad, periodismo, manipulación, imparcialidad.
Antes de atacar al tema de fondo, dejaré claro algo: retocar fotos, cambiar o agregar cosas a una fotografía es manipular. Y es "maaalo". Punto. Bien hecho, por tanto, por parte de Reuters, el decidir no publicar la fotografía de este fotografo en cuestión y esperemos que sea de escarmiento para otros que intenten hacer lo mismo.
Salvado ya este primer elemento (modificar la fotografía es manipular) hablemos de otros modos de manipular. O de otros modos de "parcialidad". Ninguna fotografía, de por sí, es imparcial o representa "la" realidad. Antes que eso: NO EXISTE "LA" REALIDAD. Al menos, yo no creo que exista. Digamos que es una referencia, o que existe en sentido filosófico, abstracto, pero al final es imposible de asir, de percibir nítida y sin desvirtuarla, por lo tanto cualquier proceso que el ser humano utilice para intentar "captar" o "apropiarse" de la realidad termina alterándola y -por decirlo de algún modo, o quizá del modo más brusco posible- "destruyéndola". El resultado no es real y, desde luego, no es imparcial. La simple selección de elementos dentro de la realidad (eliminando, necesariamente, aquellos elementos que no interesan en la historia a contar -las noticias también son historias-) modifica el escenario. Y no se puede contar todo. O no todo parece relevante para la persona que lo presencia o que lo cuenta. Lo que descarta ya forma parte de la toma de posición frente a la realidad. En una foto también se descarta: lo que no entra en el plano, lo que alteraría el equilibrio de la foto, etcétera.
El segundo modo de modificar la historia que pretendes contar es el modo en que la cuentas: en el periodismo escrito, las palabras que utilizas como "muebles" de tu historia; en el periodísmo gráfico, el encuadre, la luz, la velocidad del obturador, la sensibilidad de la película... Todo ello contribuye a "crear" la historia, a darle forma, a darle "tú" forma. Si uno de los elementos que han llevado a Reuters a eliminar las fotografías de este fotógrafo era que oscureció con fotoshop el color del humo ¿no se puede hacer eso con diferente sensibilidad de película o velocidad de obturación o apertura del diafragma? ¿no cambia eso los colores, la intensidad de la fotografía, la luminosidad? Y me pregunto, aunque todavía no he encontrado la respuesta ¿no es eso mentir?
Digo que no he encontrado la respuesta porque en el fondo no estoy segura de que sea malo, de que se deba criticar y repudiar la parcialidad. No creo que la parcialidad exista, no estoy diciendo eso. Creo, estoy casi convencida y me juego por ello (ya en este blog lo he hecho varias veces) que la parcialidad lo es todo. Y creo que tenemos que aprender a convivir con ella y respetarla, y establecer nuevos puntos de partida desde ahí.
Ahora, muy a cuento con lo que quiero decir, estoy leyendo "El pintor de batallas", de Arturo Pérez-Reverte. Casi acabo de empezar, pero ya me enganché. Y es que el tema es espléndido. Encuentro en sus reflexiones bastantes puntos de conexión con las mías, elementos que yo he creido intuir, pero que todavía no tengo verbalizados., y que él verbaliza con su pluma soberbia, con su trazo firme y seguro, con su precisión de cirujano.
Las noticias de hoy me descubren, cuando la vorágine periodística estaba a punto de desanimarme del todo, una noticia que me interesa: "Reuters retira 920 imágenes de su archivo tras descubrir manipulación en fotos de guerra". Les cuento lo que dice el artículo:
Un reportero gráfico que trabajaba para Reuters como fotógrafo independiente ya no lo hará más. La agencia descubrió (después de las quejas de comunidades de blogs) que por lo menos dos de las fotografías que habían publicado del mencionado fotógrafo estaban manipuladas con fotoshop (añadiendo más humo para aumentar el dramatismo de una foto de Líbano; o dos misiles más en otra de las fotos). El fotógrafo se ha excusado diciendo que sólo retocaba marcas de polvo y errores que había cometido debido a las circunstancias en que se tomaron las fotografías.
Y vuelta al tema de marras que me ronda en la cabeza desde hace tanto tiempo: realidad, periodismo, manipulación, imparcialidad.
Antes de atacar al tema de fondo, dejaré claro algo: retocar fotos, cambiar o agregar cosas a una fotografía es manipular. Y es "maaalo". Punto. Bien hecho, por tanto, por parte de Reuters, el decidir no publicar la fotografía de este fotografo en cuestión y esperemos que sea de escarmiento para otros que intenten hacer lo mismo.
Salvado ya este primer elemento (modificar la fotografía es manipular) hablemos de otros modos de manipular. O de otros modos de "parcialidad". Ninguna fotografía, de por sí, es imparcial o representa "la" realidad. Antes que eso: NO EXISTE "LA" REALIDAD. Al menos, yo no creo que exista. Digamos que es una referencia, o que existe en sentido filosófico, abstracto, pero al final es imposible de asir, de percibir nítida y sin desvirtuarla, por lo tanto cualquier proceso que el ser humano utilice para intentar "captar" o "apropiarse" de la realidad termina alterándola y -por decirlo de algún modo, o quizá del modo más brusco posible- "destruyéndola". El resultado no es real y, desde luego, no es imparcial. La simple selección de elementos dentro de la realidad (eliminando, necesariamente, aquellos elementos que no interesan en la historia a contar -las noticias también son historias-) modifica el escenario. Y no se puede contar todo. O no todo parece relevante para la persona que lo presencia o que lo cuenta. Lo que descarta ya forma parte de la toma de posición frente a la realidad. En una foto también se descarta: lo que no entra en el plano, lo que alteraría el equilibrio de la foto, etcétera.
El segundo modo de modificar la historia que pretendes contar es el modo en que la cuentas: en el periodismo escrito, las palabras que utilizas como "muebles" de tu historia; en el periodísmo gráfico, el encuadre, la luz, la velocidad del obturador, la sensibilidad de la película... Todo ello contribuye a "crear" la historia, a darle forma, a darle "tú" forma. Si uno de los elementos que han llevado a Reuters a eliminar las fotografías de este fotógrafo era que oscureció con fotoshop el color del humo ¿no se puede hacer eso con diferente sensibilidad de película o velocidad de obturación o apertura del diafragma? ¿no cambia eso los colores, la intensidad de la fotografía, la luminosidad? Y me pregunto, aunque todavía no he encontrado la respuesta ¿no es eso mentir?
Digo que no he encontrado la respuesta porque en el fondo no estoy segura de que sea malo, de que se deba criticar y repudiar la parcialidad. No creo que la parcialidad exista, no estoy diciendo eso. Creo, estoy casi convencida y me juego por ello (ya en este blog lo he hecho varias veces) que la parcialidad lo es todo. Y creo que tenemos que aprender a convivir con ella y respetarla, y establecer nuevos puntos de partida desde ahí.
Agosto
Después de una semana de vacaciones (?), vuelta al trabajo.
(Cara de circunstancias)
P.D.: C. sólo trabaja los viernes (¡qué buen día! ¿no creen?... )
(Cara de circunstancias)
P.D.: C. sólo trabaja los viernes (¡qué buen día! ¿no creen?... )
Toledo y sus olvidos
Como no podía ser de otra forma, Toledo, después de su discurso de despedida mostró una vez más su talante y su falta de protocolo y de prestancia. Una vez acabada la ceremonia, y teniéndose que ir, salió del estrado con la banda presidencial puesta. Bajadas las escaleras, alguien le advirtió de lo evidente: tenía que dejar en el estrado la banda presidencial. Los gestos del ex-presidente pasaron de "ah, es conmigo" a "sabía que algo me estaba olvidando". Volvió a subir, dejó la banda presidencial a la presidenta del Congreso y salió del emiciclo.
Discurso presidencial...
Hace ya dos días de la toma de mando y aún no dije nada del discurso presidencial por 28 de julio. La verdad es que tampoco hubo nada que reseñar. El discurso fue moderado, dentro de lo esperado. No hubo grandes anuncios triunfales. No hubo anuncio de nacionalizar la banca: los banqueros respiran tranquilos. Hubo, por supuesto, promesas. Promesas de todo tipo. Hubo mucho, mucho populismo. Hubo también gran deseo de contentar a todos. El resultado final, como imaginarán, no contentó a nadie. Los periódicos de ayer mostraban en sus portadas la desilusión: "No fue suficiente". Pero al menos, fue un cambio...
Los más desilusionados fueron los propios congresistas que asistieron al evento. La primera promesa fue de recorte de gastos del Estado: empezando por Palacio de Gobierno (prometió bajarse su sueldo de 42 mil a 16 mil y reducir a la mitad el presupuesto de Palacio) y siguiendo por el Congreso (reducción de gastos) y eliminando Prefecturas y Subprefecturas, entre otras medidas. Con el dinero, invertir en agua y desagüe para los más pobres, electrificación de zonas rurales y mejora de canales para ahorro del agua.
La segunda, profundizar en el proceso de descentralización, para garantizar que la gente pueda estudiar y trabajar en su lugar de origen, sin tener que venir a Lima. Tercero, simplificación administrativa, sobre todo en la formación de empresas. También habló de elección de cargos del Estado por mérito, con ayuda de los colegios profesionales, y también ofreciéndole cargos en el Estado a aquellos estudiantes universitarios que estén en los primeros puestos.
También hizo promesas dirigidas a la mujer y la juventud, como cunas en los centros laborales, o 25 % de regidores menores de 29 años.
Otra de las medidas que estuvieron presentes en su discurso fue la de la revisión de contratos, como el del gas (que en este momento fija -erroneamente- su precio al precio del crudo, elevando demasiado el precio del gas). Esta medida retoma una de las grandes batallas de la izquierda por la revisión de contratos de privatización y otros, que se han hecho a expensas del Estado y que perjudican a los más pobres.
Para los neoliberales, prometió ampliar los tratados de libre comercio, potenciando los acuerdos comerciales con América Latina, Europa, Asia y Estados Unidos.
Pero sobre todo prometió para los pobres, para los 13 millones (la mitad del país) que están en la pobreza, para los agricultores, los pescadores, los conductores de transporte público (les prometió incluirlos en el Sistema Integral de Salud), para las mujeres y los jóvenes, para los micro y pequeños empresarios, para la ciudadanía en general que está tan descontenta con la política.
Pero la ciudadanía hace dieciseis años le escucho prometer y prometer. Y ya no le creen. Ahora está más moderado, pero ¿cumplirá algo de lo que ha prometido? Por lo menos comenzó con la juramentación de un gabinete integrado por una buena cantidad de mujeres. Y por supuesto con mostrar, a medida que iba diciendo cada una de las medidas que iba a tomar, papeles que aseguraba que eran proyectos de ley para implementar cada una de las medidas que iba anunciando. ¿Creerá esta vez el Perú al lobo con piel de cordero?
Los más desilusionados fueron los propios congresistas que asistieron al evento. La primera promesa fue de recorte de gastos del Estado: empezando por Palacio de Gobierno (prometió bajarse su sueldo de 42 mil a 16 mil y reducir a la mitad el presupuesto de Palacio) y siguiendo por el Congreso (reducción de gastos) y eliminando Prefecturas y Subprefecturas, entre otras medidas. Con el dinero, invertir en agua y desagüe para los más pobres, electrificación de zonas rurales y mejora de canales para ahorro del agua.
La segunda, profundizar en el proceso de descentralización, para garantizar que la gente pueda estudiar y trabajar en su lugar de origen, sin tener que venir a Lima. Tercero, simplificación administrativa, sobre todo en la formación de empresas. También habló de elección de cargos del Estado por mérito, con ayuda de los colegios profesionales, y también ofreciéndole cargos en el Estado a aquellos estudiantes universitarios que estén en los primeros puestos.
También hizo promesas dirigidas a la mujer y la juventud, como cunas en los centros laborales, o 25 % de regidores menores de 29 años.
Otra de las medidas que estuvieron presentes en su discurso fue la de la revisión de contratos, como el del gas (que en este momento fija -erroneamente- su precio al precio del crudo, elevando demasiado el precio del gas). Esta medida retoma una de las grandes batallas de la izquierda por la revisión de contratos de privatización y otros, que se han hecho a expensas del Estado y que perjudican a los más pobres.
Para los neoliberales, prometió ampliar los tratados de libre comercio, potenciando los acuerdos comerciales con América Latina, Europa, Asia y Estados Unidos.
Pero sobre todo prometió para los pobres, para los 13 millones (la mitad del país) que están en la pobreza, para los agricultores, los pescadores, los conductores de transporte público (les prometió incluirlos en el Sistema Integral de Salud), para las mujeres y los jóvenes, para los micro y pequeños empresarios, para la ciudadanía en general que está tan descontenta con la política.
Pero la ciudadanía hace dieciseis años le escucho prometer y prometer. Y ya no le creen. Ahora está más moderado, pero ¿cumplirá algo de lo que ha prometido? Por lo menos comenzó con la juramentación de un gabinete integrado por una buena cantidad de mujeres. Y por supuesto con mostrar, a medida que iba diciendo cada una de las medidas que iba a tomar, papeles que aseguraba que eran proyectos de ley para implementar cada una de las medidas que iba anunciando. ¿Creerá esta vez el Perú al lobo con piel de cordero?
La vida imita a la mala televisión
C. y R. salieron a sacar la basura. Ya en la entrada de la casa vieron que del edificio de enfrente, de la ventana del tercer piso (en España sería el segundo piso, pero en Perú la "Planta Baja" se llama "Primer Piso") colgaban, anudadas, varias telas. Ni siquiera eran sábanas, sino simples y llanas telas, daban la impresion de ser bastante delgadas. La soga hecha de telas anudadas llegaba hasta el suelo. Alguien sale de la ventana. R. dice "supongo que va a recogerlas". No, no puede ser, porque no haría falta salir de la ventana para recoger las telas. La figura, de un joven no tan joven, se da la vuelta, apoya los pies en el alfeizar y se agarra de las telas. Descuelga los pies, estirándose cual largo es para comenzar a bajar... cuando sus pies casi rozaban la ventana del piso inmediatamente inferior, se precipitaron los acontecimientos. Figura y telas cayeron al piso desde una altura de seis metros. Tocó el timbre de su casa, esperó a que le abran, y volvió a subir. Esas cosas solo salen bien en las películas. Por favor, no lo repitan en sus casas...
No hay quinto malo
Look into my eyes and you'll see I'm the only one
You've captured my love stolen my heart
Changed my life
Every time you make a move you destroy my mind
And the way you touch
I lose control and shiver deep inside
You take my breath away
You can reduce me to tears with a single sigh
Ev'ry breath that you take
Any sound that you make is a whisper in my ear
I could give up all my life for just one kiss
I would surely die if you dismiss me from your love
You take my breath away
You Take My Breath Away
Queen
You've captured my love stolen my heart
Changed my life
Every time you make a move you destroy my mind
And the way you touch
I lose control and shiver deep inside
You take my breath away
You can reduce me to tears with a single sigh
Ev'ry breath that you take
Any sound that you make is a whisper in my ear
I could give up all my life for just one kiss
I would surely die if you dismiss me from your love
You take my breath away
You Take My Breath Away
Queen
Decíamos: nada reseñable en política

Uno de los "padres de la patria" (a.k.a. congresista) que recién han juramentado, dijo en público, refiriendose a las acusaciones que le han hecho de transfuguismo:
“El hombre público es como la mujer pública, todos tienen derecho a meterle la mano”.
(Carlos Torres Caro dixit)
Con este nuevo Congreso, ¿qué se puede esperar?
Siete dias para Fiestas Patrias...
Quedan siete dias para el momento más grande del año en el Perú. Fiestas Patrias.
Lima, esta ciudad que generalmente se debate entre las multicolores fachadas y el gris del smog y el cielo, se llena en cada esquina de vendedores de banderas rojas y blancas que han cambiado la fisonomía de la ciudad, las fachadas se engalanan con banderas, los pechos de los viandantes con escarapelas rojiblancas. La política parece descansar hasta mejores vientos, hasta ver los cambios que se van a producir, por lo que las portadas de los periódicos giran en torno al futuro padre de la patria (a.k.a. congresista) que se metió por la fuerza en uno de los despachos del Congreso con la "excusa" de que su anterior ocupante se lo había prometido. Y es que claro, ¡hay unos despachos mejores que otros!. También las noticias giran en torno al viaje de Eliane Karp de Toledo y si regresará al Perú o quedará en el extranjero (como hizo Fujimori), las peleas por quiénes van a presidir las nuevas comisiones que se formen dentro del Congreso, quiénes van a integrar el próximo gabinete, incluso, si tal futuro padre de la patria dijo que no quería juramentar delante de Torres Caro y después cambió de idea... Y claro, el perro que mató a un ladrón, si debe o no debe ser sacrificado, gran noticia de la última semana.
Las cosas de verdadero interés para el futuro del país, descansan hasta mejor oportunidad. Será, imaginamos, después del discurso del nuevo presidente, por Fiestas Patrias.
P.D. ¿Vieron la foto sonriente de Toledo junto al flamante director del FMI, que reconoció los avances macroeconómicos obtenidos durante su gobierno? Claro, que no pudo reconocer las mejoras sustanciales en chorreo y lucha contra la pobreza, porque de eso no ha habido...
Lima, esta ciudad que generalmente se debate entre las multicolores fachadas y el gris del smog y el cielo, se llena en cada esquina de vendedores de banderas rojas y blancas que han cambiado la fisonomía de la ciudad, las fachadas se engalanan con banderas, los pechos de los viandantes con escarapelas rojiblancas. La política parece descansar hasta mejores vientos, hasta ver los cambios que se van a producir, por lo que las portadas de los periódicos giran en torno al futuro padre de la patria (a.k.a. congresista) que se metió por la fuerza en uno de los despachos del Congreso con la "excusa" de que su anterior ocupante se lo había prometido. Y es que claro, ¡hay unos despachos mejores que otros!. También las noticias giran en torno al viaje de Eliane Karp de Toledo y si regresará al Perú o quedará en el extranjero (como hizo Fujimori), las peleas por quiénes van a presidir las nuevas comisiones que se formen dentro del Congreso, quiénes van a integrar el próximo gabinete, incluso, si tal futuro padre de la patria dijo que no quería juramentar delante de Torres Caro y después cambió de idea... Y claro, el perro que mató a un ladrón, si debe o no debe ser sacrificado, gran noticia de la última semana.
Las cosas de verdadero interés para el futuro del país, descansan hasta mejor oportunidad. Será, imaginamos, después del discurso del nuevo presidente, por Fiestas Patrias.
P.D. ¿Vieron la foto sonriente de Toledo junto al flamante director del FMI, que reconoció los avances macroeconómicos obtenidos durante su gobierno? Claro, que no pudo reconocer las mejoras sustanciales en chorreo y lucha contra la pobreza, porque de eso no ha habido...
Y siguiendo con las críticas al modelo
Más riqueza se genera: los índices macroeconómicos del Perú en los últimos cinco años han subido, según nos dicen, gracias a la aplicación a rajatabla de las medidas del FMI. ¿y de qué le ha servido a Toledo? De nada, porque aunque el Perú crece y el insiste en que el crecimiento al final produce chorreo, la gente (ups, perdón, que no sabes quién es la gente: los trabajadores, los pobres, los sectores medios... la población, la ciudadanía en general, esa “gente”) no lo nota y por eso las cifras de aprobación del gobierno han estado por los suelos durante todo su mandato. Yo no pido más vacaciones, pido las justas. Porque si en España reducen las vacaciones, ¡el lío que se monta! Pero claro, no se puede pedir igualdad de condiciones para el resto del mundo. No pido una gran protección al trabajador. Pido por lo menos alguna protección al trabajador. Abaratando el despido es más fácil que las empresas despidan no que contraten. Es más fácil que se establezcan contratos basura, en los que el trabajador se encuentra a expensas de lo que decida el empleador. El “primer mundo” siempre va a hacer las cosas a su antojo. ¿TLC Perú-Estados Unidos? Sí, el gobierno se ha empeñado y para lo poco que le queda de mandato va a firmarlo como sea: “Sí o sí” nos dice. Y para ello además ha ocultado deliberadamente los datos, las cifras, los acuerdos a los que se ha llegado, ha decidido vender el país y bajarse los pantalones. Si, no es por nada que Toledo ahora vaya alardeando de que Bush le llame “Alejandro el grande” cada vez que le ve.
El modelo (el modelo imperante, digo) no es “imparcial” ni “justo”. Beneficia más a unos que a otros. El problema es que los que se benefician y los ilusos que se creen que el modelo funciona porque la teoría funciona, siguen insistiendo en que los que quedan fuera es “porque quieren” o “porque son vagos y no se esfuerzan”. Perdón, pero el acceso a los recursos y las oportunidades no son lo mismo en Madrid, en Londres, en Nueva York, que en Antequera, en Lima o peor, en Huancavelica (departamento más pobre del Perú). Con ellos, el modelo nunca va a ser justo. Y esa injusticia se muestra en un mayor distanciamiento de los sectores beneficiados con respecto a los pobres. El neoliberalismo aumenta el desempleo y la pobreza. Por eso hace falta intervención del Estado para corregir los desequilibrios. Lo que pasa es que la intervención del Estado que se propone en Estados Unidos o en España no es válida para América Latina. La intervención del Estado que ayudó a desarrollarse a Gran Bretaña, a España, a los países asiáticos, no es válida para América Latina, simplemente porque no les conviene a las grandes corporaciones que tienen el poder. Y punto. El modelo toma partido por las grandes corporaciones, que se van a ver beneficiadas y que pueden dictar las normas a su antojo. No es para nada imparcial.
Aquí, salvo en educación y algún otro pequeño sector más, no hay gran poder de los sindicatos. Entonces, el trabajador se encuentra desprotegido. Si el Estado tampoco lo protege, porque hay que bajarse los pantalones para que inviertan en el país, entonces el trabajador se encuentra perdido. Así es como no tiene seguro médico, no tiene trabajo estable, cae en la informalidad. Perú además carece de mercado interno. Y abrir el mercado al exterior significa traer capitales volátiles, que no mejoran la inversión en industria y desarrollo y que utilizan poca mano de obra. Fomentar tratados de libre comercio, aumenta las desigualdades entre sectores beneficiados y sectores perjudicados, y no favorece el trasvase de mano de obra desde los segundos a los primeros. Varios análisis lo demuestran. Y hay ejemplos, pasó en México, pasó en Chile, las últimas crisis asiáticas demuestran que el modelo se agota para los países en vías de desarrollo.
El modelo (el modelo imperante, digo) no es “imparcial” ni “justo”. Beneficia más a unos que a otros. El problema es que los que se benefician y los ilusos que se creen que el modelo funciona porque la teoría funciona, siguen insistiendo en que los que quedan fuera es “porque quieren” o “porque son vagos y no se esfuerzan”. Perdón, pero el acceso a los recursos y las oportunidades no son lo mismo en Madrid, en Londres, en Nueva York, que en Antequera, en Lima o peor, en Huancavelica (departamento más pobre del Perú). Con ellos, el modelo nunca va a ser justo. Y esa injusticia se muestra en un mayor distanciamiento de los sectores beneficiados con respecto a los pobres. El neoliberalismo aumenta el desempleo y la pobreza. Por eso hace falta intervención del Estado para corregir los desequilibrios. Lo que pasa es que la intervención del Estado que se propone en Estados Unidos o en España no es válida para América Latina. La intervención del Estado que ayudó a desarrollarse a Gran Bretaña, a España, a los países asiáticos, no es válida para América Latina, simplemente porque no les conviene a las grandes corporaciones que tienen el poder. Y punto. El modelo toma partido por las grandes corporaciones, que se van a ver beneficiadas y que pueden dictar las normas a su antojo. No es para nada imparcial.
Aquí, salvo en educación y algún otro pequeño sector más, no hay gran poder de los sindicatos. Entonces, el trabajador se encuentra desprotegido. Si el Estado tampoco lo protege, porque hay que bajarse los pantalones para que inviertan en el país, entonces el trabajador se encuentra perdido. Así es como no tiene seguro médico, no tiene trabajo estable, cae en la informalidad. Perú además carece de mercado interno. Y abrir el mercado al exterior significa traer capitales volátiles, que no mejoran la inversión en industria y desarrollo y que utilizan poca mano de obra. Fomentar tratados de libre comercio, aumenta las desigualdades entre sectores beneficiados y sectores perjudicados, y no favorece el trasvase de mano de obra desde los segundos a los primeros. Varios análisis lo demuestran. Y hay ejemplos, pasó en México, pasó en Chile, las últimas crisis asiáticas demuestran que el modelo se agota para los países en vías de desarrollo.
Cuando el problema es la realidad
Varias veces me he metido en discusiones que no llevan a ninguna parte con neoliberales que creen que el modelo lo es todo. Y digo que no llevan a ninguna parte porque al final giran y giran sobre el mismo argumento, con el cual de ninguna manera me van a convencer, y del cual no van a salir aunque uno trate de convencerles de lo contrario. La última ha sido ésta.
El argumento central es siempre el mismo: el modelo funciona, lo que no funciona es la realidad. Veamos: si se habla del problema de la mujer y la inserción laboral, el problema no es que la mujer haya sido durante décadas (siglos) considerada “objeto” de segunda clase, acompañamiento, señora de la casa sólo válida para las tareas domésticas y cuyas prioridades deben ser hogareñas o “decorativas” (estoy pensando en Orgullo y Prejuicio, cuando hablan de las cualidades que debe tener una dama y una de las más importantes en su educación es que sepa tocar el piano). No. Para el neoliberal, el problema es que la mujer no produce lo mismo que un hombre. Simple y llanamente. Ahí no entra nada más que el cálculo numérico de porcentajes de ingreso y de capacidad de trabajo. No entra la discriminación ni el machismo. Es la matemática pura, libre de sentimientos. Lo mismo es con el negro, el indio, el chino... América Latina no se desarrolla porque la gente es vaga y no trabaja. No es que el modelo falle, que no responda a las necesidades del trabajador ni de la sociedad. Es, simplemente, que la gente no sabe adaptarse al modelo. Incluso, no sé si con cierto rasgo de ironía o de mala uva incluso llegan a preguntar “¿quién es la gente?”.
Su modelo es, por encima de todo, “justo”. Justo porque es matemático e imparcial. No se dan cuenta de la parcialidad de su modelo “imparcial”. No se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, que no es tan justo porque no es verdad que no tome partido por nadie. En principio, se deja libre al modelo para funcionar a sus anchas. En ese sentido, el modelo debe por sí mismo beneficiar a aquellos más preparados. Simplemente. Así, libres de culpas porque el modelo funciona, se niegan a ver que la realidad no se adapta a ese modelo como ellos quisieran.
La realidad impone desajustes que hacen que su modelo se desequilibre. Por ejemplo la cercanía al centro, la cercanía a occidente, o mejor dicho, la cercanía a Nueva York. Aquello que funciona según la forma de ver las cosas de Nueva York, o de Washington, funciona. Y el que no funciona de esa manera es atrasado e inútil: su cultura no es válida porque no es moderna, su lengua no es válida porque no es moderna. No hay otra manera de hacer las cosas que servir a los fines de occidente. Otro elemento que tira por tierra sus argumentos es que los empresarios, esos que deben elegir racionalmente a aquel más preparado para el puesto, muchas veces eligen por afinidad, amistad o parentesco. ¿Dónde está ahí el más preparado?. Seguro que la excusa para eso es que son pequeños ejemplos que no alteran en lo más mínimo la tendencia general a la meritocracia. Y como una es tonta, porque de verdad te conversan como si una fuese tonta y no supiera nada de nada, se lo tiene que creer. Y punto. Porque la única verdad es “su” verdad.
El argumento central es siempre el mismo: el modelo funciona, lo que no funciona es la realidad. Veamos: si se habla del problema de la mujer y la inserción laboral, el problema no es que la mujer haya sido durante décadas (siglos) considerada “objeto” de segunda clase, acompañamiento, señora de la casa sólo válida para las tareas domésticas y cuyas prioridades deben ser hogareñas o “decorativas” (estoy pensando en Orgullo y Prejuicio, cuando hablan de las cualidades que debe tener una dama y una de las más importantes en su educación es que sepa tocar el piano). No. Para el neoliberal, el problema es que la mujer no produce lo mismo que un hombre. Simple y llanamente. Ahí no entra nada más que el cálculo numérico de porcentajes de ingreso y de capacidad de trabajo. No entra la discriminación ni el machismo. Es la matemática pura, libre de sentimientos. Lo mismo es con el negro, el indio, el chino... América Latina no se desarrolla porque la gente es vaga y no trabaja. No es que el modelo falle, que no responda a las necesidades del trabajador ni de la sociedad. Es, simplemente, que la gente no sabe adaptarse al modelo. Incluso, no sé si con cierto rasgo de ironía o de mala uva incluso llegan a preguntar “¿quién es la gente?”.
Su modelo es, por encima de todo, “justo”. Justo porque es matemático e imparcial. No se dan cuenta de la parcialidad de su modelo “imparcial”. No se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, que no es tan justo porque no es verdad que no tome partido por nadie. En principio, se deja libre al modelo para funcionar a sus anchas. En ese sentido, el modelo debe por sí mismo beneficiar a aquellos más preparados. Simplemente. Así, libres de culpas porque el modelo funciona, se niegan a ver que la realidad no se adapta a ese modelo como ellos quisieran.
La realidad impone desajustes que hacen que su modelo se desequilibre. Por ejemplo la cercanía al centro, la cercanía a occidente, o mejor dicho, la cercanía a Nueva York. Aquello que funciona según la forma de ver las cosas de Nueva York, o de Washington, funciona. Y el que no funciona de esa manera es atrasado e inútil: su cultura no es válida porque no es moderna, su lengua no es válida porque no es moderna. No hay otra manera de hacer las cosas que servir a los fines de occidente. Otro elemento que tira por tierra sus argumentos es que los empresarios, esos que deben elegir racionalmente a aquel más preparado para el puesto, muchas veces eligen por afinidad, amistad o parentesco. ¿Dónde está ahí el más preparado?. Seguro que la excusa para eso es que son pequeños ejemplos que no alteran en lo más mínimo la tendencia general a la meritocracia. Y como una es tonta, porque de verdad te conversan como si una fuese tonta y no supiera nada de nada, se lo tiene que creer. Y punto. Porque la única verdad es “su” verdad.
Historias cotidianas
Hace unas semanas que la que escribe estas líneas está llevando un curso de Comunicación Política en el Centro Cultural de una de las más prestigiosas -o la más, tal vez- Universidades de Lima. Es un curso, simplemente, para gente que tiene interés en temas parecidos. Por eso se ha creado un grupo que daría para un largo análisis sociológico. El profesor ha elegido, aprovechando que es experto en temas de Medio Oriente, la Guerra de Irak. Y en este momento se está dedicando a las comparaciones obvias y no tan obvias con la guerra de Vietnam.
En la sesión de hoy el chico que estaba sentado a mi costado, al que no recuerdo haber escuchado hablar antes, animado tal vez por la película que nos ponen ambientando la acción de la guerra de Vietnam y el peligro comunista:
- ¿De verdad creían que el peligro era real?
- (...)
- Digo, es que yo cuando era pequeño leía comics, de Superman y otros, y me causaba risa. ¿De verdad creían que era real?
Me animo a intervenir, tal vez porque el tema me toca muy de cerca (el chico está sentado a menos de diez centimetros de mi silla):
- Creían que era tan real como ahora el terrorismo internacional.
Pero el otro, terco, no se deja convencer:
- No entiendo como de verdad podían pensar que era real.
- (...)
Quedaban unos veinte minutos para acabar la clase. Pero mi mente estaba absorta. Estaba completamente estupefacta.
En la sesión de hoy el chico que estaba sentado a mi costado, al que no recuerdo haber escuchado hablar antes, animado tal vez por la película que nos ponen ambientando la acción de la guerra de Vietnam y el peligro comunista:
- ¿De verdad creían que el peligro era real?
- (...)
- Digo, es que yo cuando era pequeño leía comics, de Superman y otros, y me causaba risa. ¿De verdad creían que era real?
Me animo a intervenir, tal vez porque el tema me toca muy de cerca (el chico está sentado a menos de diez centimetros de mi silla):
- Creían que era tan real como ahora el terrorismo internacional.
Pero el otro, terco, no se deja convencer:
- No entiendo como de verdad podían pensar que era real.
- (...)
Quedaban unos veinte minutos para acabar la clase. Pero mi mente estaba absorta. Estaba completamente estupefacta.
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