Hace ya dos días de la toma de mando y aún no dije nada del discurso presidencial por 28 de julio. La verdad es que tampoco hubo nada que reseñar. El discurso fue moderado, dentro de lo esperado. No hubo grandes anuncios triunfales. No hubo anuncio de nacionalizar la banca: los banqueros respiran tranquilos. Hubo, por supuesto, promesas. Promesas de todo tipo. Hubo mucho, mucho populismo. Hubo también gran deseo de contentar a todos. El resultado final, como imaginarán, no contentó a nadie. Los periódicos de ayer mostraban en sus portadas la desilusión: "No fue suficiente". Pero al menos, fue un cambio...
Los más desilusionados fueron los propios congresistas que asistieron al evento. La primera promesa fue de recorte de gastos del Estado: empezando por Palacio de Gobierno (prometió bajarse su sueldo de 42 mil a 16 mil y reducir a la mitad el presupuesto de Palacio) y siguiendo por el Congreso (reducción de gastos) y eliminando Prefecturas y Subprefecturas, entre otras medidas. Con el dinero, invertir en agua y desagüe para los más pobres, electrificación de zonas rurales y mejora de canales para ahorro del agua.
La segunda, profundizar en el proceso de descentralización, para garantizar que la gente pueda estudiar y trabajar en su lugar de origen, sin tener que venir a Lima. Tercero, simplificación administrativa, sobre todo en la formación de empresas. También habló de elección de cargos del Estado por mérito, con ayuda de los colegios profesionales, y también ofreciéndole cargos en el Estado a aquellos estudiantes universitarios que estén en los primeros puestos.
También hizo promesas dirigidas a la mujer y la juventud, como cunas en los centros laborales, o 25 % de regidores menores de 29 años.
Otra de las medidas que estuvieron presentes en su discurso fue la de la revisión de contratos, como el del gas (que en este momento fija -erroneamente- su precio al precio del crudo, elevando demasiado el precio del gas). Esta medida retoma una de las grandes batallas de la izquierda por la revisión de contratos de privatización y otros, que se han hecho a expensas del Estado y que perjudican a los más pobres.
Para los neoliberales, prometió ampliar los tratados de libre comercio, potenciando los acuerdos comerciales con América Latina, Europa, Asia y Estados Unidos.
Pero sobre todo prometió para los pobres, para los 13 millones (la mitad del país) que están en la pobreza, para los agricultores, los pescadores, los conductores de transporte público (les prometió incluirlos en el Sistema Integral de Salud), para las mujeres y los jóvenes, para los micro y pequeños empresarios, para la ciudadanía en general que está tan descontenta con la política.
Pero la ciudadanía hace dieciseis años le escucho prometer y prometer. Y ya no le creen. Ahora está más moderado, pero ¿cumplirá algo de lo que ha prometido? Por lo menos comenzó con la juramentación de un gabinete integrado por una buena cantidad de mujeres. Y por supuesto con mostrar, a medida que iba diciendo cada una de las medidas que iba a tomar, papeles que aseguraba que eran proyectos de ley para implementar cada una de las medidas que iba anunciando. ¿Creerá esta vez el Perú al lobo con piel de cordero?
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2 comentarios:
Lo que ha prometido parece sensato. Ojalá salgan bien las cosas.
Saludos.
Tú lo has dicho, parece, parece. Pero las cosas nunca son lo que parecen. En principio, estas promesas son medidas de fachada, que no solucionan el problema principal: la viabilidad del país. No afectan al modelo, y se ha demostrado que el modelo no funciona. Tan fácil como eso. Son medidas que hace décadas que se vienen aplicando sin éxito.
Y sobre todo: falta el trasfondo político. ¿Qué quiere hacer con el país? ¿A dónde quiere llegar?
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