Varias veces me he metido en discusiones que no llevan a ninguna parte con neoliberales que creen que el modelo lo es todo. Y digo que no llevan a ninguna parte porque al final giran y giran sobre el mismo argumento, con el cual de ninguna manera me van a convencer, y del cual no van a salir aunque uno trate de convencerles de lo contrario. La última ha sido ésta.
El argumento central es siempre el mismo: el modelo funciona, lo que no funciona es la realidad. Veamos: si se habla del problema de la mujer y la inserción laboral, el problema no es que la mujer haya sido durante décadas (siglos) considerada “objeto” de segunda clase, acompañamiento, señora de la casa sólo válida para las tareas domésticas y cuyas prioridades deben ser hogareñas o “decorativas” (estoy pensando en Orgullo y Prejuicio, cuando hablan de las cualidades que debe tener una dama y una de las más importantes en su educación es que sepa tocar el piano). No. Para el neoliberal, el problema es que la mujer no produce lo mismo que un hombre. Simple y llanamente. Ahí no entra nada más que el cálculo numérico de porcentajes de ingreso y de capacidad de trabajo. No entra la discriminación ni el machismo. Es la matemática pura, libre de sentimientos. Lo mismo es con el negro, el indio, el chino... América Latina no se desarrolla porque la gente es vaga y no trabaja. No es que el modelo falle, que no responda a las necesidades del trabajador ni de la sociedad. Es, simplemente, que la gente no sabe adaptarse al modelo. Incluso, no sé si con cierto rasgo de ironía o de mala uva incluso llegan a preguntar “¿quién es la gente?”.
Su modelo es, por encima de todo, “justo”. Justo porque es matemático e imparcial. No se dan cuenta de la parcialidad de su modelo “imparcial”. No se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, que no es tan justo porque no es verdad que no tome partido por nadie. En principio, se deja libre al modelo para funcionar a sus anchas. En ese sentido, el modelo debe por sí mismo beneficiar a aquellos más preparados. Simplemente. Así, libres de culpas porque el modelo funciona, se niegan a ver que la realidad no se adapta a ese modelo como ellos quisieran.
La realidad impone desajustes que hacen que su modelo se desequilibre. Por ejemplo la cercanía al centro, la cercanía a occidente, o mejor dicho, la cercanía a Nueva York. Aquello que funciona según la forma de ver las cosas de Nueva York, o de Washington, funciona. Y el que no funciona de esa manera es atrasado e inútil: su cultura no es válida porque no es moderna, su lengua no es válida porque no es moderna. No hay otra manera de hacer las cosas que servir a los fines de occidente. Otro elemento que tira por tierra sus argumentos es que los empresarios, esos que deben elegir racionalmente a aquel más preparado para el puesto, muchas veces eligen por afinidad, amistad o parentesco. ¿Dónde está ahí el más preparado?. Seguro que la excusa para eso es que son pequeños ejemplos que no alteran en lo más mínimo la tendencia general a la meritocracia. Y como una es tonta, porque de verdad te conversan como si una fuese tonta y no supiera nada de nada, se lo tiene que creer. Y punto. Porque la única verdad es “su” verdad.
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