Cotidianidades (III)

Siempre me pasa lo mismo. Por eso muchas veces pienso que soy "piña" (N.del T.: "gafe", persona a la que le llueve la mala suerte como chaparrón en la selva). Y sí, soy piña. Me pasa generalmente en reuniones grandes, veinte personas (o incluso más) sentadas a la mesa y yo, por azar del destino, generalmente acabo en alguna de las cabeceras, con la típica persona pesada, repelente, insolente ("bomba"). Uno nunca espera que justo en una mesa tan grande te tengas que enganchar a la peor conversación de toda la mesa y además que te tengas que enganchar a ella durante toooodo el almuerto y durante tooooda la sobremesa. Pero a mí, siempre me pasa. Ya tendría que tenerlo interiorizado como parte de mi personalidad. Como no podía ser de otra forma, hoy me tocó. Mesa enorme, bulliciosa, llena de carcajadas y de amigos y yo sentada casi en la cabecera y en conversación con la más pesada de la mesa. Hablando de su filosofía de vida, por supuesto, que recomienda (casi impone en la conversación como la única buena y viable) por encima de cualquier otra, porque total, las opiniones de los demás parecen no tener importancia. Tan poca importancia tiene, que ni te escucha cuando tratas de responderle algo con sentido.

Dos perlas: "yo digo que todos deberían visitar al psicólogo dos veces al año, igual que al odontólogo" y cuando le dijo a la persona que se sentaba al lado mío (no podía ser otro que R.) "me parece muy bien que vivas con tu padre y que tengas contacto con él, hay que estar cerca de la familia" (Cuando lo pienso, todavía las lágrimas luchan por salir de mis ojos, mientras yo lucho por contenerlas)

¿Por qué siempre me tocan a mí?

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