Nuevos conocidos

Siempre que conozco a alguien en este país y le digo que soy española pasan una de estas tres cosas:
1) me dice que le devuelva el oro que los españoles se llevaron del Perú (el 0.5% de los casos)
2) me pregunta por qué he venido aquí cuando tantos quieren irse para allá (el 29.5% de los casos)
3) me pregunta si me gusta el fútbol y cual de los equipos de España prefiero (el 70% de los casos, generalmente hombres).

Pero el colmo fue el otro día que me presentaron en una universidad a un profesor. Ahí comenzó a preguntar a qué me dedico, tratando de parecer simpático. Lo siguiente que me dijo es “¿Y por qué no enseñas en la universidad?” Pucha, hay que contestar: mmmm, a ver, porque no soporto a los profesores de universidad, que son todos unos insolentes. Ups, esa respuesta no sirve, R. es profesor de universidad. Ummm ¿porque soy demasiado buena para la Universidad? Esa me gusta, pero es tan falsa como la anterior. ¿Será porque nadie me ha pedido que dicte en la Universidad? Traté de decir con el mayor aplomo posible que hay poco espacio, mientras se notaba a leguas que la conversación me estaba fastidiando mucho.

Mi cara no sabe mentir, así que en seguida se ve lo que pienso. Es por eso que nunca podría ganarme la vida jugando al poker. Saltaría cual Heidi por los campos cada vez que tuviera Full House. Ya he dicho ¿será que soy demasiado exigente? Yo digo lo que pienso, no me ando con rodeos ni con medias tintas. Prefiero que la gente también sea así y diga lo que piensa sin darle tantas vueltas a todo. Pero es que últimamente la gente me saca, de verdad, me saca. Ya no tengo edad para aguantar tonterías.

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