Siempre encuentro buenas excusas para no hacer lo que debo hacer. Mejor dicho: siempre encuentro buenas excusas para no hacer lo que quiero hacer. Me ha pasado desde siempre. Y creo que la palabra es miedo. Soy una cochina cobarde. Bien, ahora me volvió a pasar. Les voy a contar tooooodas las excusas que se me han venido a la mente.
Ayer comenzó mi búsqueda de departamento para alquilar. Agarré los clasificados por internet de un importante periódico local y me puse a organizarlos, revisarlos y separar los que eran de agencias, etc., todo ello en Word. Bien, acabada la tarea que me llevó casi toda la mañana frente a la computadora y que redujo quince páginas de word (a letra pequeña) hasta tres, comencé a llamar a aquellos que parecían mejor. Empecé por los más cercanos. Me llevó como una hora convencerme de que tenía que comenzar a llamar. Porque para mí el teléfono es la parte más tediosa del asunto. Había cuatro o cinco que quedé en pasar a ver hoy. Estupendo, parece que marcha y superé la prueba más difícil. En la mañana comenzaron otra vez a rondarme las cosas en la cabeza: los problemas de la mudanza, que nos vamos a llevar... (todavía no he encontrado departamento y ya empiezo a darle vueltas al siguiente paso). El desayuno aproveché para hablar con R. Ahí es donde comienzan de verdad los problemas. Una sabe que las cosas se vuelven aún más difíciles cuando tienes que pensar por dos. No estás sola y eso cambia radicalmente la situación y las decisiones deben ser consensuadas. (Menos mal que no somos tres, pese a las insistencias de familiares y amigas, porque entonces los problemas se multiplicarían). Que sí, que no, que puede ser, que muy lejos... "¿y si en lugar de alquilar esperamos a que ingrese esa platita que me tiene que llegar y aprovechamos para meternos en una hipoteca y comprar de una vez? Si alquilamos, ya no nos va a alcanzar para comprar, porque pagar alquiler e hipoteca es imposible." Puchica!, se armó. ¡¡¡¡Paren las máquinas!!!! Era lo que necesitaba para quedarme congelada y no hacer nada. Una buena excusa. Y esa me parecía de lo mejor. Para agregarla, día 5 es día de pago y este mes los ingresos no han sido tan cuantiosos... cuentas por pagar y cálculos. Todo acabó, otra vez, en la papelera. C'est la vie!
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