Situación: Pasada la una de la mañana del domingo. Lugar: Barranco (zona de copas en Lima, bastante alejado de mi casa) Estado: etílico (bueno, en realidad no tanto, solo fueron tres jarras de cerveza entre cuatro personas, para regar el sanguche de Jamón del Norte en el Juanito) Regreso a casa: taxi (¿qué más?) compartido (grave delito en Lima: cuando se comparte el taxi para ir a dos sitios distintos que quedan "en la ruta" -poco más o menos- te quieren cobrar como si fueran dos carreras distintas) Destino: (para los que conocen Lima) San Miguel pasando por San Felipe (la residencial, es decir, estaba de camino)
Hechos*: Subimos al taxi los cuatro en cuestión (dos parejas) con intención de volver a casa. No era tan tarde, no era tanta la bebida, pero madrugada de sábado a domingo es como "la" ocasión ideal para problemas. Creo. Sobre todo viniendo de Barranco. Al menos, en nuestro caso, lo fue. Bah, voy al punto que me enrollo más que las persianas.
Nuestros amigos acuerdan el precio: 15 soles. Bien, todos adentro. Ellos se bajan en San Felipe y nosotros seguimos viaje hasta San Miguel. Al llegar a la puerta, R. da los 15 soles. El taxista: "faltan 5" R: "no, ese era el precio acordado, 15 soles" T: "eran 20" (si, no, si, no) R: "un ratito" extrae su celular de su bolsillo y telefonea al amigo que acordó el precio "acordaste 15? ok, el taxista ahora dice que son 20" R. baja del taxi y el taxista detrás, en actitud lumpenesca (esa palabreja que aquí se usa tanto!) se saca los lentes (para que no se le rompan, parece) y encara a R., quien con calma le dice que no se pase. Servidora de moi que no controla bien sus nervios (cada cosa que escribo saco a relucir las lindas cualidades que poseo!) ya empezaba a gritar, pero el menda en cuestión no le hacía caso (supongo que porque quería pelea y conmigo no era) Se acerca el guachimán (término peruanazo para denominar al vigilante de la cuadra) para ayudar a R. Mientras tanto R., con toda calma, comienza a abrir la puerta de la casa. T: "no te vayas, pues!" R: "no me estoy yendo a ninguna parte, yo vivo aquí, no me voy a escapar ¿a dónde me voy a ir?" T: "rrrr..." R. trata de convencer a C. (moi) que se meta en la casa de una vez que el loco estaba por querer pegarle. El taxista levanta los brazos y saca pecho. R. trata de cerrar la reja de la casa, el pie del taxista le dificulta la labor y R. finalmente empuja la puerta con fuerza. El taxista mete el brazo (yo de verdad pensé que quería abrir la reja, pero R. me confirma que lo que intentó fue agarrarle del brazo) asi que le grito "eso que estás haciendo es un delito, intentar meterte en mi casa es un delito y te denuncio" T: "yo solo quiero mi dinero, porque este es mi trabajo" C: "nosotros respetamos tu trabajo y te hemos pagado, te hemos dado lo acordado que eran 15 soles" T: "pero eso no es todo, falta plata" "¿qué hago, me quedo aquí hasta que me den mi plata?" R.: "haz lo que quieras, yo me voy a dormir" Ahí el taxista ya no aguantó la ira y le gritaba todos los insultos que se le ocurrió a R., empezando por maricón y siguiendo por saco largo "tiene que venir tu mujer a defenderte!" y otras más y R. ni caso, se mantenía calmado, abriendo la puerta sin grandes aspavientos y menos preocupado al haber puesto reja por medio. El taxista no sabía que hacer para encontrar bronca, porque buscarla la buscaba desde hacía rato. R. en cambio prefería no dar su brazo a torcer y no seguirle el juego, convencido de que entrar a trapo era igual que perder. Ante la situación y viendo que no lograba nada, mucho menos insultando, el taxista dio media vuelta y se metió en su taxi. Antes que se fuera, atiné a apuntar la matrícula del carro (no vaya a ser que vuelva con intención de apedrear un vidrio o algo así). Nos quedamos unos minutos más conversando con el guachimán (quien había controlado que las cosas no se fueran de su cauce, y se había mantenido cerca, a modo de prevención por si el loco envalentonado se lanza a pegar a alguien). ¡Las piernas nos temblaban!
Ya más calmados nos metemos en casa. A intentar dormir. Es que da una cólera cuando los taxistas listos quieren sacarte plata con alguna excusa! Cualquiera es buena: dar más vueltas antes de llegar y decir que era más lejos que donde tu le dijiste en un principio, cambiar el precio según cantidad (si son dos parejas o más personas), según el lugar del que partes y al que llegas (barrios elegantes y calles pequeñas cobran más que en las avenidas), la ropa, el acento al hablar (no es tan habitual, pero a veces escucharte hablar con acento de España es razón suficiente para subirte el precio... y en ese taxi ibamos dos españoles!: eramos dos parejas de esas que algunos denominan "mixtas"(?) español-peruana y peruano-española)...
Broncas, broncas. ¡¡¡qué cosa!!!
* esto de hablar medio en telegrama ya me cansa... si seré!
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3 comentarios:
Pero no tienen reloj en Peru? el relojito que cuenta cuanto $$$ es...asi esto de arreglar el precio dependiendo de la cara, no es muy justo, no?
No se, yo usaba mucho taxi en ARG porque vivia en una ciudad grand ey no tenia auto. Pero claro, te subis y prenden el reloj. Cuano llegas vos ya sabes cuando te costo porque lo dice el reloj...el tipo no puede hacer nada para subirte el precio.
Seguro que por el acento se creen que estas llena de euros y que asi...claro, que te sale?
Si hay algo que no extraño de los argentinos (y latinos en general) es esa cosa de querer arreglar todo con piñas...).
No, en Perú no tienen relojito (taxímetro). Fácil: la mayor parte de los taxis son "piratas" o informales (gente que no tiene otra cosa mejor, pone un cartelito de taxi en la vitrina y ala! a trabajar) La otra es que ¡¡¡con lo que cuestan!!!! (ahora estaba viendo el intento de la municipalidad de obligar a los buses a poner cinturón de seguridad para pasajeros, la excusa de ellos para no hacerlo: que sale caro!)
Generalmente no he tenido problemas con los taxis: si te dice muy caro, no te subes y ya, esperas otro. Y generalmente no te suben demasiado el precio. Tienden a ser razonables. Digamos que tu sabes a priori cuanto sale de aquí a la esquina o de aquí al centro. Y al acordar el precio, regateas. Pero, como en este caso, siempre hay alguno que cree que naciste ayer!
Taxistas piratas, como de cualquier otra profesión, los hay en todas partes.
En España, como sabes, es común darle una vuelta al turista.
Saludos.
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