¿Les conté que recién está empezando a asomarse el sol primaveral? Hasta esta mismísima semana ha estado haciendo algo de frío. Conste que aquí, cuando se habla de frío, se habla de ponerse un/a jersey/chompita/pullover y listo! Es decir, que frío, frío, no hacía, pero tampoco se veía el sol. También, en Lima, remedo de Londres, el sol no suele prodigarse mucho.
Lo de la ley seca es porque otra vez hay elecciones. Esta vez, municipales. Mucha publicidad electoral en todas partes y poca sensación de relevancia. Al final, todos insisten en lo mismo: seguridad urbana. La sensación de inseguridad a la hora de salir a la calle es muy grande. Yo me pregunto ¿donde quedan las otras necesidades de la ciudadanía? como por ejemplo el descanso, cuando el ruido de esta ciudad es insoportable: los micros/combis/coaster (los tres diferentes tipos de suicidio colectivo que existen en la ciudad) gritan su recorrido mientras el conductor mantiene la radio a todo volumen con el insidioso y casi infaltable reaggeton ("Dale más gasolina"), la pollería de la esquina insiste en hacer fiesta infantil todos los fines de semana, con canciones de Barney incluidas, mientras los días laborables algún vecino también decide hacer fiesta hasta altas horas de la madrugada con la música a viva voz... Cruza por mi ventana un camión de bomberos, de esos no se suelen ver tantos. Me pregunto si su destino es alguna casa situada en alguna de esas calles con reja, última moda de defensa ciudadana contra la delincuencia: privatizar el espacio público. Con la mirada condescendiente de la Municipalidad, que otorga su permiso con la esperanza de lograr un voto en las próximas elecciones municipales. Bueno, ahora ha llegado el momento ¿les funcionará?
Son las siete y diez de la noche. En breve pasan a recogerme para salir. A tomar un café en un viernes de Ley Seca.
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