el viaje

La verdad es que contar las cosas del viaje me da un poco de pereza. Demasiado que contar y no sé bien en que orden poner las cosas. En principio me habían dicho algunas cosas negativas, pero mi expectativa seguía intacta. Demasiados años siendo la ciudad de mis sueños para que me quiten la ilusión de golpe. Nacho en un comentario a este mismo blog decía que le recordaba al Madrid de los 80 y que se notaba el atraso en la ciudad. Mi padre, por messenger, me decía que "es una ciudad sin personalidad". A mi no me pareció ni una cosa ni la otra. Claro, que yo no vivo en Madrid, sino que hace 5 años que vivo en Lima, donde verdaderamente se "nota" el atraso y a la que le falta "personalidad". Bueno, no, me corrijo, a Lima no le falta personalidad, pero tiene una personalidad muy (¿cual es la palabra?) esquiva con el que vive aquí. Por supuesto, los problemas con la aerolinea los dejaremos para otro post (si me animo). Iremos directos al grano.

Bueno, Bs. As. me pareció formidable, imponente, magnífica. Superó con creces mis expectativas más alagüeñas. Si antes estaba enamorada de una fantasía, ahora estoy enamorada de una realidad. Dos horas después de desembarcar le decía a R. ¿y si nos quedamos a vivir aquí?

No creo que pueda contar con todos los detalles los 28 días de visita a Bs. As., así que resumiré lo mejor y lo peor de la estadía.

¿Que es lo mejor de Bs. As.?

  • Por supuesto, la vida cultural. Museos (incluso gratuitos) para recorrer, conciertos al aire libre (aunque no estuve en ninguno), librerías hasta el cansancio (de esas si que recorrimos con gusto, y lo mejor: la cafetería dentro de la librería para tomarte el cafe con el libro en la mano y revisarlo bien antes de comprar), teatros... variedad para escoger. Aunque nuestro tiempo era limitado y nuestro presupuesto también. Pero el hecho de contar con esa gran oferta ya convierte a Bs. As. en una gran ciudad.
  • Los parques. Palermo, Costanera Sur, Centenario, Botánico... grandes pulmones verdes de la ciudad lindísimos para recorrer, pasear, disfrutar.
  • El transporte. Aunque tiene sus pequeños inconvenientes, la oferta es mucho más amplia que en Lima y eso es de agradecer. Por ejemplo, el tren. Tomamos la línea Mitre para ir al Tigre. Aunque dicen que esa es la mejor, que hay otras que no están tan bien, a mí me pareció estupendo el tren, cómodo, rápido y barato. El colectivo, que te conecta casi con cualquier punto de la ciudad y no tiene nada que ver con las combis, couster y micros de Lima, que son de película de terror. Por supuesto que el tema del sencillo para pagar el boleto del colectivo era algo negativo, una pequeña sombra, pero la verdad es que funciona bien. El subte también está bien, aunque no lo usé mucho porque no quedaba tan cerca de casa. Y por supuesto el tema de que aún no haya una línea que corte todas las demás (salvo en el centro de la ciudad) es un gran problema: hay que ir hacia el centro para luego cambiar de dirección. En Lima, subte no hay y el tren eléctrico además de ser un enorme gasto de plata para una ciudad como ésta, tiene aún que implementarse (los limeños llevan esperando desde el primer gobierno de Alan, así que están acostumbrados a esperar). Bueno, que con las comparaciones me desvío mucho del tema.
  • Los cafés. Nueva comparación: Lima no tiene apenas vida de cafés. Hay pocos, caros y el café no es bueno. Hay un montón de "Fuentes de Soda" (como llaman aquí a los lugarcitos para tomar algo en la tarde) que te sirven café en polvo con leche evaporada. Puaj. Claro que hay algunos cafés buenos, como el afamadísimo Haití, pero tienes que irte hasta San Isidro o Miraflores para encontrar alguno. Y ya digo, caro y tampoco tan bueno. En Bs. As. los cafés abundan, con calidad y comodidad. Algo que extraño mucho de Madrid, que en Bs. As. se encuentra y aquí no. Para una amante del café como yo (iba a poner "cafetera", pero creo que se iba a entender otra cosa... jeje), una delicia.
  • Las calles. ¿He dicho que estoy enamorada de esa ciudad? La Recoleta y Chacarita. La estación de tren de Retiro.
  • Los vinos y los asados (por supuesto). Claro que a uno al final le acaba saliendo la carne por las orejas, pero no importa. Y los dulces... por supuesto los Alfajores Havanna. Mi perdición. Y el café con tres medias lunas. Ahí fue donde engordé tres kilos. No tengo ni idea de cómo voy a hacer para volverlos a bajar.
  • La familia y los amigos. Que no es, en absoluto, lo menos importante. De hecho era lo principal de la visita, ver gente. A muchos de ellos sólo pudimos verlos una vez, y se nos hizo muy breve. En gran medida fue por mi propia desorganización, ya que es la primera vez que hago un viaje en el que tengo que ver a tanta gente. Pero se cubrió casi en su totalidad a la gente que había que ver. Alguno siempre queda, para la próxima. Por supuesto la última semana se la reservaron varios para criticar por no haberlo hecho mejor, por no estar más tiempo...
  • Encontrar cosas para mi investigación en curso. Un lujo.


Lo curioso:

  • tenía que dejar un lugar para las curiosidades: los pasea-perros. Gran fenómeno dentro de la ciudad, ver a jóvenes que pasean una media de 10 perros. El gran problema: hay algunos que los atan a un árbol y se dedican a otra cosa. Vaya gracia de paseo. Pero me pareció una forma muy ingeniosa de ganar una buena plata.

Lo peor:

  • el clima: sol, lluvia, lluvia, sol. Inundaciones. Para eso no estábamos preparados. En Lima no llueve y ya había perdido la costumbre. Extrañaba ver llover, pero la verdad es que cuando estás de visita por una ciudad la lluvia es incomodísima. Sobre todo cuando la calle se empoza y está totalmente anegada, sin sitio para caminar. Lo único que podíamos hacer era aprovechar para ver museos esperando a que escampe.
  • Las moneditas para el colectivo. Sobre todo cuando los que viajan son dos, tener sencillo siempre en el bolsillo se convierte en un pequeño problema
  • las discusiones familiares. Algo para lo que tampoco estaba preparada. Sobre todo cuando terminan con el habitual "es que tú no vives aquí y no sabes nada de Bs. As." y el "es que yo tengo veinte años más que tú así que te callas, porque no sabes". Esos dos argumentos me persiguen en todas las discusiones: la nacionalidad y la edad. Me repatea.
  • lo que no pudimos ver y fotografiar por culpa de las obras: La Casa Rosada, El Teatro Colón, el Palacio de Justicia, Plaza Italia, la Iglesia San Ignacio de Loyola, la Manzana de las Luces, El Anfiteatro del Parque Centenario, el Ministerio de Educación y Cultura...
  • la aerolínea. De espanto.
  • Tener que volver en 2008 para poder ver el Museo de la Memoria. Nos quedamos con las ganas.


Los otros paseos:

  • Pinamar. Lindo, pero pituquísimo. Aguantamos dos días, nada más. Sin auto es muy incómodo. Y el ambiente tan "pijo" no encaja con nosotros.
  • Bahía Blanca. Para visitar a una amiga. Todos decían "¿Por qué se van a Bahía Blanca, que no hay nada para ver? Mejor Mar del Plata". Bueno, la verdad es que nuestra amiga se esforzó mucho por llevarnos a conocer sitios y pasear y para que compensara la visita. Por supuesto, Sierra de la Ventana no podía faltar. Algo de turismo rural para amenizar.

Apretado resumen para tan fantástico viaje. Cuando vayan apareciendo las fotos, más.

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